El propósito de tu vida.

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Vivimos en este plano no sólo por casualidad o evolución; estamos aquí por propósitos mayores de los que imaginamos.

Primero que nada recordemos que somos espíritu; no somos seres humanos que sólo tenemos un ratito de vida y vamos a morir y se termina la emoción. Somos espíritu reencarnando a través de muchísimas vidas porque los espíritus somos eternos.

Estamos jugando o experimentando que no somos espíritu, que sólo somos cuerpo.

Uno de nuestros principales propósitos al estar encarnados en la Tierra, es jugar el juego de la dualidad. Es decir, estamos en la Tierra olvidándonos que somos Divinos y jugamos a ser seres materiales.

Tú no eres tu cuerpo; tu cuerpo es únicamente el vehículo momentáneo de un pedacito que tu espíritu que está manifestado aquí. Cuando alguien muere, únicamente se pierde el vehículo, pero al espíritu no le pasó nada.

Nos hemos identificado tanto con el cuerpo, que creemos que somos el cuerpo. Pero el cuerpo sólo nos sirve un ratito para tener una ubicación espacio-temporal. Sin el cuerpo no puedo tener esta ubicación. El cuerpo me ayuda también a experimentar la dualidad; es decir, los polos opuestos. Experimentar el miedo y la confianza; experimentar la preocupación y la confianza; experimentar el amor y el odio…

Pero este juego sí tiene condiciones. El que en verdad entiende el juego sabe que es espíritu y que el otro también es espíritu. Y cuando me refiero a espíritu me refiero a Energía Divina.

Todos somos uno solo, somos la conciencia de unidad. Entonces no te puedo lastimar porque me lastimo a mí mismo. Las reglas del juego están basadas en eso, en que todos somos uno. Y entonces si voy contra ti no le estoy entendiendo al juego y me separo de ti. Y cuando me separo de ti, me separo de mí… y se empieza a generar la confusión. Todas las reglas y principios universales están basadas en esa unión de ti mismo como divinidad con los otros como divinidad.

Hay dos emociones básicas. Una es el miedo y la otra el amor y son opuestas, son duales. Amor es una frecuencia muy elevada; miedo una frecuencia muy, muy baja. ¿Cómo saber si estoy actuando desde el amor o desde el miedo? Todo lo que te una con los demás y a ti mismo te integre y te haga sentir bien, está basado en el amor. Y todo lo que te separe de los demás o de ti mismo, lo que te haga sentir no íntegro, está basado en el miedo. Y en este caso me puedo preguntar “¿esta actitud que estoy teniendo con esta persona, me separa o me une?” Ahí defines el rol que vas a tener vibratoriamente: una energía baja basada en el miedo o una energía alta basada en el amor.

Por ejemplo, la falta de perdón está basada en el miedo porque te separa de esa persona y como te separa, aparentemente lastimas al otro pero te estás lastimando a ti misma/o. Si estuviera basado en el amor, vería qué aprendí de esa persona, de esa situación, de esa circunstancia en mi vida y luego lo que haría es perdonar, liberar a esa persona, agradecerla. Aquí es donde entendemos desde la dualidad, desde el amor: Si yo estoy bien con la persona estoy bien conmigo mismo.

En cada vida tenemos propósitos diferentes, aunque como espíritus tenemos un nombre o una llave tonal, entonces como espíritus tenemos una misión, una misión global. Espiritualmente tenemos un nombre y nuestro nombre tiene propósito. Regularmente dentro de todas nuestras encarnaciones –que pueden ser cientos o miles–, vamos reencarnando con muchos propósitos. Aunque hay veces que ya después de mucho tiempo, hay un propósito global dentro de todas las reencarnaciones.

¿Cuál es el propósito de cada encarnación? ¿Ahorita cuál sería el propósito más importante de todas tus vidas? El de ésta, el de tu vida presente. Ahí podemos determinar si lo estamos cumpliendo o no. Si tú no cumples tu propósito, tu misión, no hay nadie más que lo pueda lograr como tú lo ibas a cumplir.

Por eso es importante enfocarnos en qué es lo que más amamos hacer en esta vida. Es preguntarnos “¿a qué me gustaría dedicar aunque no me pagaran por ello? Si tuviera todo el dinero del mundo, ¿a qué dedicaría mi tiempo?” Y me refiero a oficio, a qué hacer si no nos pagaran por ello. Muchas de esas preguntas tienen que ver con encontrar nuestro propósito, nuestra misión.

Se necesita valor para que cada uno cumplamos nuestra misión. En el fondo muchas personas saben lo que les gustaría. Es más, saben que no les gusta lo que están haciendo; lo hacen por dinero, por vivir, pero no es lo que aman hacer. Y conforme más te vayas alejando de tu propósito, va pesando más porque la vida tiene muchas maneras de mantenernos encaminados con el plan de nuestra alma. A veces cuando nos resistimos, la vida nos dice “ahí va tantita presión”.

El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños. La mayoría sabe cuál es su sueño, pero se necesita verdadero valor para vivirlo, para salir de la zona de confort y hacer a un lado los propios miedos.

Cuando me decidí a dar cursos y dedicarme a dar terapias alternativas, había muchos que me preguntaban “¿Y quién va a tomar ese tipo de cursos?”. Yo respondía “pues no sé, pero debe haber alguien a quien le encante como a mí”. Tuve que ser valiente, romper paradigmas, enfrentarme. De hecho mi primer curso fue con cero personas, no llegó nadie. Había ocho personas que habían dicho que asistirían y no fueron. ¿Tú crees que me desanimé? ¡Pues no! Dije “no importa, en verdad a mí esto del mundo espiritual me encanta y le va a encantar a la gente que tome mis cursos”. Al segundo curso llegó una persona. Y yo fui muy feliz dándoselo a una persona igual que si se lo hubiera impartido a veinte. Después todo empezó a fluir.

El universo te prueba para ver si es cierto que quieres realizar tu misión de vida o al primer intento te regresas a tu zona de confort. La vida te reta a animarte; se requiere valor para cumplir tus sueños. Y cuando das el paso confiando, es cuando todo fluye. Si lo das con miedo no va a fluir.

Cuando nos dedicamos a algo que hacemos sin amor, no es nuestra misión de vida. ¿A quién debemos hacerle caso? A nuestro corazón; a lo que sentimos.

Te invito a seguir más tus instintos, tu sentir. Te invito a dar ese paso para encontrar tu misión de vida. El proceso enriquece. Todo fluirá positivo para llegar a la meta. Llénate de tus dones y habilidades. Cuando tomamos valor, es cuando crecemos más espiritualmente.

Gracias por leerme. Mucha luz.

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